Meditar cuando no se tiene tiempo

Meditar cuando no se tiene tiempo

Levantarse, ducharse, desayunar, llevar a los niños a la escuela, ir al trabajo, trabajar, comer, seguir trabajando, volver a casa, duchar a los niños, cenar y dormir. Muchas veces nuestro día a día se reduce a estas grandes actividades que nos dejan la jornada sin demasiado tiempo libre para hacer otras cosas. Es cierto que es una visión muy reduccionista y que siempre en esta estructura diaria tienen cabida otros aspectos, pero en general podemos tener la sensación de que en nuestro día le faltan horas.

 

¿Cómo podemos entonces guardar unos minutos en nuestra agenda para dedicarnos a nosotros mismos y practicar la meditación? Todos tenemos la capacidad para encontrar 20 minutos al día para sentarnos silenciosamente, la cuestión radica en establecer nuestras prioridades. Si dejamos que otras tareas, que consideramos más importantes, cojan esos 20 minutos que teníamos reservados, nunca lograremos incorporar la meditación en nuestra rutina. Si 20 minutos no son posibles, 10 o 5 también son válidos, mejor pocos que ninguno. O incluso un minuto durante cinco veces al día también sirve para relajar nuestra mente. En este sentido, es más importante la calidad que la cantidad. No debemos concebir la meditación como una actividad que nos “toma tiempo”, sino todo lo contrario, ya que nos aclara la mente y permite que retomemos la actividad que hacíamos de manera mucho más efectiva, así que en el fondo estamos ganando más tiempo.

Si tenemos una agenda apretada, podemos reservar minutos en varios momentos del día:

  • Las horas más recomendadas para meditar es antes del alba y antes de que se ponga el sol. Así que una opción es levantarse 20 minutos antes de lo que correspondería y sentarse a meditar al despertarse (¡tómate tu tiempo para ir al baño!). De esta manera, empezaremos el día con energía positiva.

  • La otra opción es antes de ir a dormir, así liberaremos la tensión acumulada durante todo el día y nos será más fácil conciliar el sueño.

  • Si por la mañana nos es imposible levantarnos y por la noche nos dormirnos, podemos destinar cualquier otro momento del día a meditar, lo importante es practicarlo. Una alternativa es hacerlo después de trabajar, y así nos facilitará el paso del trabajo en casa.

  • Durante la comida podemos reservarnos unos minutos, y de esta manera también relacionaremos la hora de comer con la meditación.

  • En la oficina podemos destinar varios minutos a inspirar y espirar profundamente prestando atención a la respiración.

  • Si ni siquiera nos es posible encontrar 5 minutos al día, podemos aprovechar para relajar la mente en aquellas tareas más mecánicas como lavar los platos, ducharse o mientras se viaja en tren.

 

Muchas veces la solución es ser imaginativo y que cada uno se pueda adaptar su agenda a la situación personal. Para algunos su hogar es un espacio en el que meditar es imposible, sobre todo cuando hay niños pequeños en casa. En este caso buscar otros sitios puede ser una alternativa. También podemos hacer saber a nuestro entorno próximo que destinaremos ese momento a la meditación y pedir que no se nos moleste, del mismo modo que se nos respeta cuando estamos leyendo, estudiando o incluso disfrutando de un baño.

 

Lo más importante de la meditación es practicarla en regularidad. Si apenas empezamos, mejor dedicarle unos minutos una o dos veces al día y poco a poco cuando tengamos el hábito ir aumentando. Tampoco es cuestión de forzarnos por tener que cumplir los horarios que nos hemos marcado, ya que si estamos intranquilos, no conseguiremos relajarnos para meditar. Si necesitas más información sobre como iniciarte, puedes leer esta entrada de blog.

Y si pensamos continuamente si ese preciso instante es el adecuado para meditar, sencillamente deja de pensar ¡y medita!

No hay comentarios

Publicar Comentario