¿Puede mi dieta cambiar el mundo?

¿Puede mi dieta cambiar el mundo?

“Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina” dijo una vez el padre de la medicina Hipócrates. A nadie sorprende ya esta frase. El refranero nos avisa con la conocida frase “de lo que se come se cría”. Sin embargo, esta perspectiva queda especialmente limitada y no sólo repara en la importancia de la alimentación respecto a las personas y a su salud personal, sino que respecto a la salud del planeta.

Recientes estudios indican que la dieta y el cambio climático están inextricablemente ligados. Según el estudio de la Loma Linda University si comparamos una dieta vegetariana con una no vegetariana, ésta última hace uso de unas 3 veces más cantidad de agua, 2.5 veces la cantidad energética de la dieta vegetariana, 13 veces más cantidad de fertilizantes y 1.5 veces más cantidad de pesticidas. Asimismo, las 7.000 millones de cabezas de ganado de EUA producen 130 veces más residuos que 300 millones de estadounidenses, lo cual implica que unos 5 millones de cabezas de ganado producen los mismos residuos que 300 millones de estadounidenses.

Por ello, investigadores que han tratado temas análogos abogan por cambiar los hábitos alimentación de la gente, fomentando la ingesta de dietas que eliminen o reduzcan considerablemente la cantidad de carne. En un artículo publicado en la revista Forbes se menciona como la ganadería, método para el cuidado de animales domésticos inventado hace 10.000 años en Mesopotamia, es un fenómeno artificial de creación humana que ha alterado gravemente el equilibrio del ecosistema mundial. Todos los animales respiran oxigeno, emitiendo CO2 a la atmosfera, mientras que las plantas realizan el proceso a la inversa “respirando” CO2 a través de la fotosíntesis y emitiendo oxígeno. Por ello, el aumento considerable de cabezas de ganado ha tenido como consecuencia un aumento respectivo de las emisiones de CO2 y CH4 (metano) y NO (oxido nitroso) como consecuencia de las defecaciones de los animales. En total la ganadería genera el 18 % de todos los gases de efecto invernadero, produciendo concretamente el 9 % del total de CO2, el 37 % de CH4 y el 65 % del NO.

Asimismo cabe destacar que la ganadería es con diferencia la actividad de producción alimentaria más ineficiente en términos energéticos. Por cada caloría (unidad de energía) que se introduce como input para producir alimento, las cosechas de cereales producen entre 2 y 3 calorías de retorno, mientras que las plantaciones de frutas y vegetales producen 0.5 calorías de retorno y la ganadería entre 0.01 y 0.05 calorías. Este hecho es especialmente preocupante debido a que según la FAO, el 63 % de la superficie destinada mundialmente a la agricultura está dedicada a usos pecuarios, mientras que las tendencias demográficas muestran un incremento de la población del 35 % entre 2006 y 2050. Esto implica que una actividad que genera pocos retornos a nivel alimentario, acapara dos tercios de la superficie mundial dedicada a generación de alimentos, lo cual dibuja una baja productividad alimentaria en un planeta que, por un lado, dispone de áreas muy afectadas por la desnutrición, y que por otro cuenta con una población creciente que aumenta la necesidad de nuevos alimentos.

verduras encima la mesa

En este sentido, National Geographic realiza anualmente un estudio en el que se analizan en términos nacionales los hábitos de consumo (alimentación, transporte, vivienda y bienes materiales), en relación con el medio ambiente. A partir de los datos recogidos se genera un índice llamado Greendex en el cual se clasifican los países analizados jerárquicamente en función de la sostenibilidad de su consumo. Este índice arroja unos resultados en los cuales India se sitúa como el país más sostenible a nivel alimentario. Esto se debe principalmente al hecho de que uno de cada cuatro indios es vegetariano, mientras que el 75 % restante suele evitar la carne de vacuno, la carne más contaminante de todas. Asimismo los indios abogan por un consumo local que tiene impacto en un menor gasto energético en términos de transporte.

En definitiva, a través de diferentes investigaciones observamos como el consumo de carne implica un aprovechamiento peor de los recursos alimentarios disponibles, así como una contaminación mayor en comparación con la producida por los cereales o las hortalizas. Por esa razón, en un mundo que se enfrenta al cambio climático como un peligro incipiente, los hábitos de consumo alimenticio representan un frente a abordar con urgencia.

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