Una agricultura sostenible es posible

Una agricultura sostenible es posible

Actualmente el sistema agrícola más extendido en el mundo es el que se llama modelo “convencional” o “industrial” y que tiene como objetivo la producción masiva de alimentos.

Para tal fin se suelen utilizar monocultivos y la deforestación de ecosistemas. Los monocultivos provocan un empobrecimiento del suelo y lo hacen más susceptible a enfermedades y plagas, que se combaten mediante grandes dosis de productos químicos. El uso de fertilizantes químicos y de pesticidas y herbicidas, contaminan el suelo, pudiéndose filtrar a cursos de agua y sobre todo, afecta a seres vivos de nuestro entorno, como las abejas y, finalmente, a nosotros, pues muchos de estos químicos utilizados pueden desarrollar enfermedades cancerígenas. Este modelo también contribuye al cambio climático a causa del abuso de fertilizantes y las emisiones resultantes de N2O. Asimismo, muchos de estos cultivos utilizan organismos modificados genéticamente o transgénicos, con aún muchas incógnitas sobre sus efectos en la salud.

 

Llegados a este punto, ¿es posible otro modelo de producción agrícola que respete el medioambiente y que a la vez pueda ser rentable? La respuesta es que sí.

 

Desde hace unos años el modelo de agricultura ecológica ha ido cogiendo adeptos y se ha demostrado que existe una manera de cultivar alimentos de acuerdo con nuestro entorno. Al Estado español es una realidad ya consolidada. En los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, el 2012 había 1.756.548 ha de agricultura ecológica y 32.724 productores, elaboradores y comercializadores, una cifra que va en aumento año tras año.

 

 

¿Qué es exactamente la agricultura ecológica?

 

La agricultura ecológica, orgánica o biológica utiliza de manera óptima los recursos naturales y las técnicas de conservación y mejora de la calidad del suelo, de manera que favorece el ecosistema. Así, se consigue obtener alimentos de máxima calidad nutritiva respetando el medio y sin la utilización de productos químicos de síntesis ni transgénicos, con el consiguiente beneficio de tener ecosistemas socialmente y ecológicamente sostenibles. Toma como origen a la agricultura tradicional y recupera sus métodos y técnicas, pero incorpora nuevas técnicas y métodos más modernos.

 

Este tipo de sistema nos trae dos grandes beneficios. Por un lado, nuestra salud mejora al obtener alimentos más saludables y nutritivos, ya que están limpios de plaguicidas y pesticidas y no utiliza cultivos transgénicos. Por el otro, contribuimos a implementar un sistema que es respetuoso con el medioambiente.

 

Para conseguir tal fin, este tipo de agricultura sigue los ciclos biológicos, incluye diversidad de plantas y, sobre todo, le da mucha importancia al suelo fértil. Un suelo así hará crecer plantas saludables, fuertes y menos sensibles a las plagas. La fertilidad se consigue con abonos orgánicos o compost, abonos verdes y preparados vegetales.

 

Para combatir las plagas sin usar plaguicidas, se utilizan principalmente técnicas preventivas. Se seleccionan las variedades y especies propias de cada clima y zona, se protegen a los enemigos naturales de los parásitos y se rotan de cultivos. Es muy importante en este caso el control y la vigilancia de las plantas, para anticiparse a posibles problemas.

 

En caso de plaga, el método de acción es mediante el control mecánico, es decir, coger manualmente las plantas afectadas o instalar trampas o barreras; mediante sustancias de origen vegetal y animal, o mediante depredadores y microorganismos de control biológico, que atacan a los insectos plaga.

 

Para la certificación ecológica también están permitidos productos químicos minerales (no sintéticos) como el azufre y el cobre, y por ello existe cierta controversia entre los agricultores ecológicos más puristas que defienden un sistema completamente natural sin estos productos químicos que pueden perjudicar igualmente a nuestra salud.

 

En comparación con el sistema industrial, este es mucho más costoso, sobre todo a nivel agronómico y de mano de obra.

COAG (2006). De la producción agraria convencional a la ecológica.

 

Aun así, existen numerosos estudios que demuestran que la agricultura ecológica es rentable y genera igual o más beneficios que la convencional. Por ejemplo, en bioRe India, situado en Andhra Pradesh, India, la agricultura ecológica ayudó a aumentar los ingresos netos de los agricultores. Los ahorros en productos químicos variaron entre 600 y 6.000 rupias indias (7.66 a 76 euros) por hectárea, mientras que los rendimientos de los cultivos se mantuvieron estables. Y el aumento de cada vez más agricultores que hacen el paso a lo ecológico, continúa demostrando que la conversión a un nuevo estilo de consumo es posible.

 

Más información:

www.agroecologia.net/

Documento: “De la producción agraria convencional a la ecológica

 

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