¿Una pequeña piedra para sanar?

Es cierto que los gemólogos se echan las manos a la cabeza cuando les decimos que algunas piedras se han usado tradicionalmente para sanar.

No obstante, no estamos tan lejos unos de otros, al menos en el punto de que ambos, científicos y románticos, amamos las piedras y tenemos cierta tendencia a recogerlas, observarlas y dejarlas rodar en nuestros dedos. Los sensitivos dicen que pueden percibir ciertas vibraciones; los estudiosos, en cambio, valoran su composición y su antigüedad.

Hoy nos vamos a dirigir a todos aquellos que se sienten atraídos irremediablemente por los cantos rodados que encuentran en su camino sin saber por qué ni por qué no. Si eres de estos, toma una piedra, puede ser la más sencilla, pequeña, humilde u oscura. Deja que la piedra te escoja.

Tómala entre tus manos y observa cómo te sientes con ella. Después entra en aguas naturales, como las del mar o las de ríos y lagos (los autorizados para el baño) e imagina que dentro de la piedra está aquello que quieres sanar de ti mismo, de otra persona o del planeta. Deja que las reverberación de las ondas acuáticas lleve este mensaje a todas las aguas del mundo. Deja que el mensaje se expanda. Si más no, tus buenos pensamientos nos harán bien a todos.

Después deja esa piedra en el agua, sabiendo que ella estará allí emanando tu programa sanador.

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